agosto 7, 2020

Las huellas del jardín (Parte 6)

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Al llegar a Ralaura Kandur voló en dirección al lago rosado, Roció estaba extrañada, normalmente nunca iban hasta allí, pero al llegar vio que todos los habitantes de Ralaura la esperaban sonriendo.

  • ¿Qué está pasando? ¿Porque me has traído aquí?
  • Quiero que veas algo. ¡Mira! – dijo señalando en dirección al lago y al puente que lo cruzaba.

Roció se quedo sin palabras, el puente que antes solo llegaba hasta el centro del lago, ahora lo cruzaba totalmente, y al final podía entreverse una pequeña porción de tierra.

  • ¡Wow, es increíble! ¿Cómo es posible?
  • ¡Gracias a ti! Durante toda la semana el puente ha ido creciendo poco a poco y es todo gracias a lo que tú estás haciendo.
  • Pero es imposible, ha sido tan solo una semana, y tan solo he llegado a mi grupo de 15 alumnos.
  • Por algo hay que empezar, tu lo dijiste. La imaginación es poderosa y aunque sea en pequeñas dimensiones en el mundo humano, aquí en Ralaura es mucho más.

Todos empezaron a aplaudir a Rocío, se acercaban para agradecerle lo que estaba haciendo por ellos, y todos querían hablar con ella. Rocío no podía creérselo, estaba funcionando. La imaginación volvía a ganar terreno.

Durante los meses siguientes siguió volcándose en su trabajo, consiguió que el resto de profesores se uniera a ella creando juegos y actividades más creativos para los niños. Los niños estaban felices, no podían esperar para volver al colegio, incluso recibió una nota del padre de Lucia;su alumna preferida; en la que le agradecía lo que estaba haciendo y la animaba a que siguiera con el buen trabajo.

Al mismo tiempo Ralaura seguía creciendo, el bosque que una vez había desaparecido volvía a estar allí, al otro lado del lago rosado. Estaba lleno de arboles chocoleros, arboles que desprendían un aroma a chocolate tan delicioso que uno empezaba a salivar con tan solo pasear entre ellos.

Todo parecía estar saliendo bien, los rumores sobre aquella nueva forma de dar clases había llegado a otros colegios, los cuales se interesaban por este nuevo método de enseñanza y empezaban a aplicarlo poco a poco.

Rocío estaba entusiasmada y cada vez que volvía a Ralaura se sentía feliz de ver que por fin estaba contribuyendo en algo importante.

De nuevo llego el sábado, el día en el que visitaba Ralaura y a sus amigos. Estaba esperando a Kandur, cuando de repente escuchó ruido en su jardín, aun no eran las diez; la hora que siempre Kandur la recogía; pero asumió que habría llegado más temprano.

Al asomarse al jardín vio que quienes estaban allí no era Kandur, sino tres de aquellos hombres grises, los tres con gabardinas y sombreros que ocultaban su rostro. Asustada se quedo mirando a través de la puerta de su habitación que daba al patio, de repente los tres se giraron hacia ella y el más alto empezó a hablar.

  • Sabemos que estas ahí, no hay necesidad de esconderse.

Rocío no quería salir, estaba asustada, y no sabía de lo que serian capaces aquellos hombres. Se quedo en silencio, sin contestar.

En ese momento escuchó el sonido de Kandur volando sobre su jardín, antes de que pudiera salir para advertirle, Kandur ya estaba en el centro de su jardín, cerrando sus alas.

De repente una nube negra apareció sobre Kandur, la nube empezó a soltar rayos sobre él, y Kandur empezó a retorcerse de dolor. Rocío corrió hacia él.

  • Dejadlo en paz, el no ha hecho nada.
  • Te lo advertimos, te dijimos que dejaras las cosas estar, pero no quisiste hacernos caso y ahora tu amigo pagará las consecuencias.

Kandur seguía retorciéndose bajo los rayos que no dejaban de caer sobre él, y con ojos vidriosos la miro y dijo:

  • No te preocupes por mí, lo más importante son Ralaura y los niños. 

Justo entonces hubo una gran explosión y Kandur desapareció.

Rocío cayó de rodillas llorando por la pérdida de su amigo.

  • Lo siento, ha sido mi culpa, lo siento – era lo único que podía decir.

Los tres hombres la miraban sonriendo, el más alto volvió a hablar de nuevo.

  • Ya has perdido a uno de tus queridos amigos, ahora deja que todo vuelva a la normalidad o las cosas se pondrán serias.

Y sin más desaparecieron.

Continuará…

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