abril 2, 2020

Las huellas del jardín (El final, Parte 2)

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Al llegar a casa, corrió hacia su jardín y allí empezó a llamar a Jolene.

Pasaron unos minutos y no recibió respuesta.

Las lagrimas empezaron a caer por sus mejillas, cuando de repente notó que algo se movía a su alrededor, era Jolene, pero… «¿por qué no se transformaba? ¿por qué seguía en su forma pájaro?» y de repente un escalofrió le respondió. Los hombres grises estaban allí.

Al levantar la vista los vio.

  • ¡Vete Jolene, rápido!

Pero no consiguió ser lo bastante rápida y aquella nube negra empezó a formarse justo encima. Jolene no podía seguir volando, estaba suspendida en el aire, pero no podía moverse.

  • ¡Noooooooo! – grito Rocío corriendo hacia ellos.

Marco, que hasta el momento no había sido capaz de articular palabra, corrió tras ella. Rocío intentó agarrar a uno de los hombres grises, pero no podía tocarlos, era como tocar un fantasma.

Sin saber qué hacer, fue hacia Jolene y empezó a abrazarla. En ese momento empezaron a llover rayos sobre ella. Marco estaba paralizado. Sin saber que hacer, se acercó a Rocío pero no conseguía acercarse lo suficiente. Mirar aquello era demasiado doloroso, y desesperado empezó a llamar a Kimer.

Un  pájaro que estaba posado en el árbol que entraba en su jardín voló hacia él y se posó a su lado. En aquel momento el pájaro empezó a crecer hasta convertirse en Kimer. Rocío que escuchaba los gritos de Marco miraba lo que estaba pasando, pero no podía moverse. Aquellos rayos la paralizaban, y aunque no podían herirla, si que podía sentir como un sentimiento de pena empezaba a crecer en ella. Era el efecto que aquellas nubes creadas por los hombres grises tenían sobre los humanos, no podían hacerles daño pero podían eliminar lo más bello de la mente, la imaginación.

  • Haz algo por favor – pedía Marco a Kimer.

De repente una nueva nube empezó a formarse sobre Kimer y los rayos empezaron a caer sobre él. A pesar de que no podía verles las caras podía sentir como aquellos seres sonreían, estaban ganando.

  • ¡Noooo! – gritó Rocío dirigiéndose a ellos. – No le haréis daño a nuestros amigos, no acabareis con ellos.

Entonces los rayos empezaron a ralentizarse, aunque seguían cayendo, eran cada vez menos frecuentes. Notó un movimiento entre sus brazos y vio que Jolene estaba moviendo sus alas muy despacio.

“Puedo salvarlos, no podrán con nosotros, la imaginación es más fuerte” pensaba mientras se levantaba del suelo.

  • No dejaré que acabéis con la imaginación, los niños seguirán creyendo y vosotros no podréis hacer nada. Jolene te quiero, sal de aquí, vuela a Ralaura.

En aquel momento en lo único que podía pensar era en poner a salvo a sus amigos, debía salvarlos, no había otra opción.

Jolene empezó a volar despacio hasta que consiguió salir de debajo de la sombra creada por la nube gris, entonces empezó a crecer hasta transformarse.

  • Jolene vete, ve a Ralaura – dijo Rocío mientras su mirada se movía entre ella y los hombres grises.
  • No, no te dejare sola, esta vez no.

Entonces Rocío miró a Kimer que seguía bajo la nube, aunque los rayos habían cesado.

  • ¡¡Iros!! Dejad a Kimer y a todos en paz, no vais a hacernos daño – siguió gritando.

Las nubes empezaron a desvanecerse.

Marco que ahora abrazaba a Kimer, se acercó a Rocío, y dándole la mano le dijo:

  • No nos vencerán, no podrán contigo, no podrán con nosotros – y la beso en la mejilla.

Los dos se levantaron y se acercaron a los hombres grises que ahora ya no parecían sonreír.

Jolene y Kimer estaban a su lado.

  • Hemos ganado. La imaginación ha ganado, los niños creen y seguirán haciéndolo aunque sea lo último que haga.

Poco a poco los hombres grises se fueron desvaneciendo hasta que no quedo nada de ellos.

Después de unos minutos de absoluto silencio, Rocío se giró hacia Jolene y con lagrimas en los ojos la abrazó.

  • Pensé que te perdería, no podría haberlo soportado – le susurró al oído.

Entonces Jolene se apartó de su abrazo, la miró a los ojos y dijo:

  • Es por eso que has ganado, has creído que era posible y no te has dejado vencer por su miedo.

Rocío empezó a reír, habían ganado, ahora Ralaura y sus amigos estaban a salvo.

FIN

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